El ladrón de luz

Después de un miércoles desesperanzador tuve la dicha de visitar la Reservación de los Indios Navajo en el norte de Arizona. Hay algo en el hecho de cruzar una frontera abierta y entrar en una nación semi-autónoma que me levantó el ánimo y me devolvió la fé en la humanidad.

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Según Google maps el trayecto de Flagstaff a Kaibeto era de solo dos horas y 15 minutos. No le crean. Hice más de cuatro horas de la puerta de mi casa hasta que entré al salón de ciencias de la escuela primaria. Obviamente el grupo que iba a visitar ya estaba en otra clase así que la maestra me dijo que ya que estaba ahí podía platicar con los muchachos en turno. Tengo que admitir que estaba muy nerviosa. Con el ambiente político al rojo vivo y una horrible incertidumbre en el futuro, lo último que quería era ser parte del exterminio de una cultura que a duras penas se aferra a sobrevivir en un mundo patriarcal y dominado por blancos supremacistas.  Sigue leyendo